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En bici por Hangzhou (y II)

En bici por Hangzhou (y II)

(Foto: hombre con niño en el lago Xi Hu, Hangzhou).

 

Siguiendo con mi fin de semana en la ciudad de Hangzhou (pronúnciese Janchou)...

Después de la aventura del tren llegué a la estación de Hangzhou sobre las 21:30 y me reuní con dos amigos españoles que conozco de Shanghai en el hotel que habíamos reservado. Esa misma noche fuimos a cenar a un restaurante chino de una de las calles más turísticas, muy cerca de su famoso lago de la ciudad, el Lago del Oeste (Xi Hu). La comida típica de Hangzhou tiene como base los alimentos frescos, sobre todo pescado de agua dulce como la anguila o la carpa, los brotes de bambú, el cerdo cocinado con vino de arroz, pollo asado... Terminamos la noche tomando unos cócteles en el JZ Club, un local de música jazz donde una banda de laowais (guiris) tocaba en directo.

Al día siguiente fuimos al maravilloso templo de Lingyin, que significa "templo del retiro del alma", que es uno de los más importantes de Hangzhou. Es un templo budista del año 326 pero, como la mayoría de los templos en China, ha sido reconstruido muchas veces debido a las guerras y los desastres naturales... En realidad no se trata solo de un templo, es un recinto lleno de diferentes construcciones típicas chinas, como de postal, con esos techos arqueados hacia arriba, budas, sauces llorones e incienso por todas partes. El recinto está en la falda del pico Felai, donde hay muchísimas imágenes (470) de diferentes budas talladas en la propia roca del monte y que datan de entre el siglo X al XIV. Seguro que os suena una de ellas: la del buda Maitreya, que es un buda muy gordo que se está riendo. Los edificios también son impresionantes y la mayoría son de la época de la dinastía Qing. Podéis ver algunas de las fotos aquí.

Como dije en la entrada anterior, Hangzhou es uno de los destinos turísticos más visitados de toda China. Por cierto, la ciudad tiene muchos más templos y pagodas, pero no da tiempo a verlos todos en un fin de semana. Os sorprenderíais al ver la cantidad de turistas chinos (casi no se veían occidentales) que había.

Después de la paliza del templo (subimos un montón de escaleras, algunas bastante empinadas y peligrosas), nos volvimos al hotel y fuimos a cenar a un italiano donde cantaban a todo volumen una banda de filipinos, muchas de las canciones en un perfecto español. A estas alturas ya nos habíamos reunido con un español más, su novia canadiense y un brasileño que ya conocía también de Shanghai.

Al día siguiente alquilamos unas bicicletas al lado del lago y dimos una vuelta completa alrededor que, para que os hagáis una idea del tamaño, nos llevó más de dos horas. Los paisajes eran maravillosos y completamente típicos de una postal china. Desde luego vale la pena alquilar las bicis: por cuatro horas sólo nos cobraron 90 céntimos!! Aunque te piden un depósito de 300 yuanes (algo menos de 30 euros) por cada una. Luego aprovechamos para ver en un bar la final España-USA de baloncesto, donde nos encontramos con dos españoles que mis amigos ya conocían. Como veis aquí el mundo también es un pañuelo.

La vuelta a casa la hice mitad en coche mitad en tren de tercera categoría, pero estuvo bien para ver cómo son las autopistas chinas (bastante parecidas a las españolas) y para visitar una estación de tren de la china profunda, que es bastante kitsch...

 

 

 

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